brecha de habilidades o skill gap

¿Qué es la brecha de habilidades o skill gap?

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El skills gap o brecha de habilidades es la diferencia entre las competencias que tiene una persona y las que necesita para desempeñar su trabajo o acceder al puesto profesional que busca. Dicho de forma sencilla, aparece cuando lo que sabemos hacer y lo que pide el mercado dejan de coincidir.

No siempre supone empezar de cero. Un profesional puede tener experiencia y una buena base en su sector, pero descubrir que algunas herramientas, conocimientos o formas de trabajar han cambiado. Ahí está la brecha.

Un ejemplo fácil de reconocer aparece en marketing. Un perfil con experiencia en campañas puede encontrarse ahora con ofertas que piden analítica, automatización, manejo de datos o conocimientos de inteligencia artificial. La experiencia sigue teniendo valor, pero necesita acompañarse de nuevas capacidades.

Cuando la distancia afecta a conocimientos amplios de la profesión, una formación como el Grado en Marketing puede ayudar a construir o reforzar esa base antes de avanzar hacia áreas más especializadas.

¿Por qué se produce el skills gap?

La respuesta corta es clara. Los puestos de trabajo están cambiando más rápido que algunas competencias profesionales.

El Future of Jobs Report 2025 calcula que el 39 % de las habilidades actuales de los trabajadores cambiarán o quedarán desactualizadas entre 2025 y 2030. El informe recoge la opinión de más de 1.000 empleadores de 55 economías, que representan a más de 14 millones de trabajadores (World Economic Forum, 2025).

¿Qué está provocando esa distancia?

  • La aparición de nuevas tecnologías, que cambia herramientas y procesos dentro de profesiones que ya existían.
  • La automatización y la inteligencia artificial, cada vez más presentes en tareas cotidianas.
  • Los cambios dentro de los propios puestos, sobre todo cuando se asumen nuevas responsabilidades.
  • La falta de actualización profesional, que puede hacer que conocimientos útiles hace unos años pierdan peso.
  • El desajuste entre formación y empleo, cuando las necesidades del mercado avanzan antes que determinados perfiles.

Las empresas también lo están notando. El mismo informe señala que el 63 % de los empleadores considera las brechas de habilidades una de las principales barreras para transformar su negocio (World Economic Forum, 2025).

La inteligencia artificial añade otra pieza al problema. La OCDE señala que los perfiles con habilidades avanzadas de IA, como machine learning o ciencia de datos, siguen representando alrededor del 1 % de la fuerza laboral, pese al aumento de la demanda de este tipo de conocimientos (OECD, 2026).

Ahí entra el ai skill gap. Pero conviene no confundirlo con la necesidad de convertirse en especialista en inteligencia artificial. Para muchos profesionales, cerrar esa brecha significará aprender a usar nuevas herramientas, entender sus resultados y saber cuándo pueden aportar valor al trabajo.

La falta de competencias también puede aparecer al crecer dentro de una profesión. Pasar de ejecutar proyectos a dirigir un equipo exige nuevas capacidades de gestión, estrategia o toma de decisiones. En ese salto, una formación como el Máster Universitario en Dirección de Marketing y Gestión Comercial puede responder mejor que una actualización técnica puntual.

¿Qué tipos de brechas de habilidades existen?

No todas las brechas tienen el mismo origen. Tampoco se solucionan de la misma manera. Antes de elegir una formación conviene saber qué es exactamente lo que falta.

Las más habituales pueden dividirse en tres grandes grupos.

  • Brecha de habilidades técnicas
    Afecta a conocimientos ligados a una profesión. Puede ser dominar un software, utilizar un lenguaje de programación, conocer una metodología o manejar una herramienta especializada.
  • Brecha de habilidades digitales
    Incluye el uso de plataformas, análisis de datos, automatización o herramientas basadas en inteligencia artificial. Ya no afecta solo a profesiones tecnológicas.
  • Brecha de habilidades transversales
    Comunicación, liderazgo, pensamiento crítico, negociación, resolución de problemas o capacidad de adaptación. Son competencias que cobran más importancia a medida que aumenta la responsabilidad.

En marketing se entiende bien esta diferencia. Un profesional puede contar con una buena base y detectar que necesita profundizar en medición, analítica o estrategia digital. Una formación como el Máster Universitario en Marketing Digital y Analítico responde a una necesidad mucho más específica.

Hay otra distinción importante. No saber algo todavía no es lo mismo que haberse quedado desactualizado.

La falta de competencias aparece cuando una habilidad nunca se ha adquirido. Las competencias desactualizadas, en cambio, parten de un conocimiento previo que necesita ponerse al día porque las herramientas o los métodos han cambiado.

También está la brecha de talento, un concepto que suele utilizarse desde el punto de vista de las organizaciones. Una empresa puede necesitar un determinado perfil y no encontrar suficientes profesionales preparados para cubrirlo. El skills gap permite mirar el problema desde el otro lado y preguntarse qué le falta a una persona para acercarse al puesto que quiere ocupar.

¿Cómo saber qué habilidades te faltan a ti o en tu empresa?

Las propias ofertas de trabajo ofrecen mucha información. Si una herramienta aparece una vez, puede responder a una necesidad muy concreta. Si se repite en diez ofertas similares, probablemente esté ganando peso en ese perfil profesional.

Un skills gap analysis permite ordenar esa información y comparar las capacidades actuales con las que exige un puesto.

No hace falta empezar con una herramienta compleja. Puede hacerse una primera revisión con tres grupos.

  • Lo que ya se domina y puede demostrarse con experiencia.
  • Lo que se conoce, pero necesita más práctica o actualización.
  • Lo que todavía falta y aparece de forma habitual en las posiciones que interesan.

Después llega el paso que de verdad marca la diferencia, priorizar. No tiene sentido intentar cubrir todas las carencias a la vez.

Una habilidad que aparece de forma constante y afecta a las tareas centrales del puesto merece más atención que otra incluida como requisito adicional. La pregunta útil no es solo "qué me falta", sino "qué me falta para llegar al siguiente paso".

En una empresa ocurre algo parecido. El análisis debe comparar lo que necesita el negocio con las capacidades que existen dentro de los equipos. Evaluaciones de desempeño, pruebas prácticas, proyectos realizados o conversaciones con los responsables pueden aportar más información que limitarse a revisar títulos y años de experiencia.

Si la carencia afecta a una base tecnológica amplia, una formación como el Grado en Ingeniería Informática puede tener sentido. Si solo falta manejar una herramienta determinada, un curso específico puede ser suficiente.

Esta necesidad de mirar de forma continua al mercado también aparece en el OECD Skills Outlook 2025. La OCDE destaca la importancia de reforzar el aprendizaje a lo largo de la vida y utilizar información del mercado laboral para adaptar mejor el desarrollo de competencias a unas necesidades profesionales que cambian con rapidez (OECD, 2025).

¿Cómo solucionar la brecha de competencias paso a paso?

Detectar la brecha de competencias es solo la mitad del trabajo. Después hay que decidir qué merece la pena aprender y cómo hacerlo.

La necesidad de actualización va a ser importante durante los próximos años. El World Economic Forum estima que, si la fuerza laboral mundial estuviera formada por 100 personas, 59 necesitarían algún tipo de formación antes de 2030. Además, el 85 % de los empleadores encuestados prevé priorizar la mejora de las habilidades de sus trabajadores (World Economic Forum, 2025).

Para pasar del diagnóstico a la acción, conviene seguir cinco pasos.

  1. Concretar qué habilidad falta
    "Mejorar las competencias digitales" es demasiado amplio. "Aprender análisis de datos para optar a puestos de marketing analítico" ya marca una dirección clara.
  2. Comprobar cuánto la pide el mercado
    Revisar ofertas ayuda a distinguir entre una herramienta puntual y una competencia que empieza a convertirse en habitual.
  3. Elegir la formación según la brecha
    No todas las carencias necesitan un grado o un máster. Una necesidad concreta puede cubrirse con un curso. Un cambio profesional más profundo puede requerir una formación de mayor recorrido.
  4. Pasar del aprendizaje a la práctica
    Saber explicar un concepto no significa saber utilizarlo. Un proyecto, un caso práctico o una nueva responsabilidad permiten convertir el conocimiento en una competencia real.
  5. Volver a revisar el perfil
    El skills gap no se analiza una vez y se archiva. Las profesiones evolucionan, aparecen herramientas nuevas y algunas capacidades ganan o pierden importancia.

La inteligencia artificial es un buen ejemplo. La OCDE destaca que, junto a las capacidades técnicas relacionadas con IA, el pensamiento crítico, la creatividad y la colaboración siguen siendo claves para trabajar con estos sistemas y adaptarse a nuevas tareas (OECD, 2026).

Por eso, cerrar el ai skill gap no consiste únicamente en aprender tecnología. También implica saber interpretar información, hacer las preguntas adecuadas, revisar resultados y utilizar estas herramientas dentro de un contexto profesional.

En perfiles que quieran dar un paso más y construir una base en análisis avanzado, ciencia de datos, machine learning o inteligencia artificial, una opción como el Grado en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial permite abordar estas competencias de forma más amplia.

Actualizarse no significa perseguir cada herramienta nueva que aparece. Si sabemos dónde queremos llegar, qué competencias nos faltan y cuáles van a tener un impacto real en nuestro perfil, podemos elegir mejor qué aprender y qué formación tiene sentido en cada momento. Al final, cerrar una brecha de habilidades consiste precisamente en eso, en reducir la distancia entre lo que sabemos hacer hoy y lo que queremos ser capaces de hacer mañana.

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