Vuelta a clase

Cómo afrontar la vuelta a las clases: Técnicas de estudio y rutinas

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Volver a clase después de varias semanas de vacaciones exige recuperar horarios, capacidad de concentración y hábito de estudio. La mejor forma de hacerlo no es empezar estudiando muchas horas, sino reconstruir una rutina que se pueda mantener durante todo el curso.

Septiembre también ofrece una buena oportunidad para revisar lo que no funcionó el año anterior. Quizá había demasiadas sesiones de última hora, jornadas enteras de subrayado o un móvil que interrumpía cada pocos minutos. Cambiar esos hábitos puede ser más útil que añadir horas al calendario.

Las técnicas de estudio funcionan mejor cuando combinan planificación, participación activa y descansos. El objetivo no es llenar todas las tardes de tareas, sino conseguir que cada sesión tenga un propósito claro y comprobar después qué se ha aprendido de verdad.

Cómo afrontar la vuelta a las clases y recuperar la rutina de estudio

Después de las vacaciones, pretender recuperar todo el ritmo académico el primer lunes suele acabar en frustración. El hábito se recupera mejor de forma gradual.

Durante la primera semana puede ser suficiente con volver a fijar unas horas estables para levantarse, comer, estudiar y descansar. Después se puede aumentar poco a poco el tiempo dedicado a las asignaturas según empiecen las clases, las lecturas y las primeras entregas.

Hay cuatro ajustes que ayudan especialmente al principio:

  • Recuperar un horario de sueño regular, evitando desplazar varias horas la hora de acostarse entre semana y fin de semana.
  • Fijar una franja concreta para estudiar, aunque al principio sea corta.
  • Preparar la semana antes de que empiece, anotando clases, entregas y tareas importantes.
  • Reservar también tiempo para ocio y descanso. Una agenda imposible de cumplir deja de ser útil muy rápido.

El sueño no es un detalle menor. Un estudio con estudiantes universitarios encontró una asociación positiva entre la regularidad de los horarios de sueño y el rendimiento académico. Los autores observaron, además, que esta relación era independiente de la duración media del sueño, aunque advierten de que el diseño del estudio no permite establecer una relación causal (Phillips et al., 2017).

Por eso, antes de pensar en técnicas complejas, merece la pena recuperar algunos básicos. Dormir y levantarse a horas parecidas, preparar el material con antelación o saber qué toca hacer al día siguiente reduce el esfuerzo necesario para ponerse en marcha.

También conviene adaptar la rutina a la etapa académica. Quien empieza uno de los Grados puede necesitar más apoyo para organizar una semana llena de asignaturas diferentes. En un posgrado, en cambio, suele ganar peso el trabajo autónomo. Al consultar diferentes Masteres, también es útil fijarse en la modalidad, la carga lectiva y el tipo de dedicación que exige cada programa.

Técnicas de estudio infalibles para mejorar tu productividad

No hay una técnica de estudio infalible para todas las personas y todas las materias. Sí existen métodos de estudio que cuentan con más respaldo que releer un tema varias veces o limitarse a subrayarlo.

Una revisión de diez técnicas de aprendizaje publicada en Psychological Science in the Public Interest otorgó la valoración más alta a dos estrategias: la práctica de recuperación y el estudio distribuido. En cambio, técnicas muy habituales como releer o subrayar recibieron una valoración menor por la inconsistencia de sus beneficios en diferentes situaciones (Dunlosky et al., 2013).

Esto se puede traducir en métodos para estudiar bastante sencillos:

  • Recuperación activa. Cerrar los apuntes y tratar de recordar las ideas principales sin mirar.
  • Estudio espaciado. Volver varias veces sobre una materia durante distintos días, en lugar de concentrarlo todo en una tarde.
  • Autoevaluación. Utilizar preguntas, ejercicios o simulacros para comprobar qué se sabe.
  • Explicación con palabras propias. Intentar desarrollar un concepto como si hubiera que enseñárselo a otra persona.
  • Intercalar ejercicios cuando la materia lo permita, en vez de resolver durante horas problemas prácticamente idénticos.

La recuperación activa es especialmente interesante. En un experimento publicado en Science, repetir pruebas de recuperación después de aprender un contenido produjo un beneficio importante en el recuerdo a largo plazo, mientras que seguir estudiando repetidas veces el material ya aprendido no mejoró el recuerdo demorado de la misma manera (Karpicke & Roediger, 2008).

Así que, para quien se pregunta cómo estudiar mejor para los exámenes, una sesión puede cambiar bastante con unas pocas preguntas:

  • ¿Qué puedo explicar ahora mismo sin mirar?
  • ¿Qué conceptos sigo confundiendo?
  • ¿Sería capaz de responder una pregunta de examen sobre este tema?
  • ¿Qué tengo que volver a revisar dentro de dos o tres días?

Eso exige más esfuerzo que releer. Precisamente por eso da una imagen más realista de lo aprendido.

Los trucos para estudiar pueden servir para empezar, pero conviene diferenciar entre un consejo que facilita ponerse en marcha y un método que ayuda a retener conocimientos. Incluso cuando el objetivo es aprender una nueva habilidad en menos de 24 horas, una primera toma de contacto no sustituye la práctica posterior necesaria para consolidarla.

Estrategias para concentrarse y evitar distracciones en septiembre

Una buena planificación pierde buena parte de su utilidad si cada sesión se interrumpe continuamente. Concentrarse no depende solo de la fuerza de voluntad: también depende de cómo se prepara el entorno.

El smartphone es uno de los mejores ejemplos. Dos experimentos publicados en Journal of the Association for Consumer Research encontraron que la mera presencia del teléfono propio podía reducir la capacidad cognitiva disponible, incluso cuando los participantes no lo estaban utilizando. En uno de los experimentos, quienes dejaron el móvil en otra habitación obtuvieron mejores resultados en las pruebas de capacidad cognitiva que quienes lo tenían sobre la mesa (Ward et al., 2017).

Eso convierte una recomendación muy sencilla en uno de los tips para estudiar más fáciles de probar: si el móvil no hace falta para la tarea, dejarlo fuera de la mesa y, mejor aún, fuera de la habitación.

También ayudan algunos cambios pequeños:

  • Cerrar pestañas y aplicaciones que no tengan relación con la tarea.
  • Desactivar las notificaciones durante el bloque de estudio.
  • Decidir antes de empezar qué se quiere terminar.
  • Preparar apuntes, agua y material para evitar interrupciones.
  • Agrupar mensajes, correos y pequeñas gestiones para revisarlos después.

Los bloques de trabajo pueden ayudar a poner límites. No hace falta convertir métodos como Pomodoro en una regla rígida de minutos. Lo que resulta útil es trabajar durante un tiempo definido sobre una sola tarea y saber de antemano cuándo llegará el descanso.

Si la dificultad principal está justo ahí, el contenido sobre cómo concentrarse para estudiar puede complementar estas estrategias con más pautas para reducir interrupciones y recuperar la atención.

Rutinas de pensamiento: Aprender a organizar tu mente

Hay días en los que el problema no es la falta de tiempo, sino tener tantas tareas abiertas que cuesta elegir por dónde empezar.

Las rutinas de pensamiento sirven para ordenar el estudio antes, durante y después de una sesión. No necesitan una herramienta especial. Basta con acostumbrarse a formular preguntas concretas.

Antes de empezar:

  • ¿Qué quiero haber terminado cuando me levante de la mesa?
  • ¿Qué sé ya sobre este tema?
  • ¿Qué parte me cuesta más?
  • ¿Cómo voy a comprobar que la he entendido?

Al terminar:

  • ¿Qué podría explicar ahora sin ayuda?
  • ¿En qué punto he dudado?
  • ¿Cuál es la primera tarea que tendré que hacer la próxima vez?

Ese último paso parece pequeño, pero evita volver a empezar desde cero mentalmente en cada sesión.

También conviene transformar objetivos demasiado amplios en acciones. “Estudiar economía” no indica qué hay que hacer. “Resolver los ejercicios 1 al 8 y corregir los errores” sí tiene un principio y un final.

Lo mismo sucede con un trabajo académico. “Avanzar el proyecto” puede convertirse en “buscar tres fuentes”, “redactar 500 palabras” o “revisar las conclusiones”. Cuanto más concreta es la tarea, menos energía se pierde decidiendo qué hacer.

Además, organizarse, pedir ayuda, trabajar en equipo o gestionar la frustración también desarrolla capacidades que van más allá de aprobar una asignatura. Son parte de las soft skills, claves para acceder al mercado laboral, que empiezan a entrenarse mucho antes de llegar al primer empleo.

Flexibilidad y campus virtual: Estudia a tu ritmo este curso

La flexibilidad es una ventaja cuando los estudios tienen que convivir con trabajo, prácticas u otras responsabilidades. Pero estudiar a tu ritmo no significa estudiar únicamente cuando sobra tiempo.

En la formación online o híbrida, el campus virtual permite acceder a materiales, clases, actividades y entregas desde distintos lugares. Esa autonomía exige, a cambio, una mayor capacidad para organizar el propio aprendizaje.

Una revisión sistemática sobre aprendizaje autorregulado en educación superior online encontró que la gestión del tiempo, la metacognición, la regulación del esfuerzo y el pensamiento crítico se relacionaban de forma positiva con los resultados académicos en los estudios analizados (Broadbent & Poon, 2015).

Para aprovechar esa flexibilidad, puede funcionar una rutina sencilla:

  • Revisar el campus virtual al principio de cada semana, no solo cuando llega una notificación.
  • Trasladar las fechas importantes a un calendario propio.
  • Reservar bloques concretos para clases, estudio y trabajos.
  • Utilizar un bloque de margen para los imprevistos.
  • Comprobar cada semana qué se ha completado y qué empieza a acumularse.

La tecnología también está ampliando las opciones disponibles. Plataformas colaborativas, herramientas de planificación, sistemas de videoconferencia o aplicaciones de IA forman parte de las herramientas que están revolucionando las aulas y pueden facilitar el acceso a contenidos y la organización.

Ninguna herramienta puede sustituir el momento en el que el estudiante tiene que recordar, relacionar, resolver o explicar por sí mismo lo aprendido.

Volver a las clases no exige recuperar el ritmo perfecto desde el primer día. Dormir con regularidad, organizar tareas concretas, estudiar de forma activa y reducir las distracciones puede marcar más diferencia que intentar acumular horas delante de los apuntes. Cada estudiante tendrá que adaptar estas pautas a su forma de aprender y a sus horarios, pero la idea de fondo es la misma. Si construimos una rutina realista desde el comienzo del curso, será mucho más fácil mantenerla cuando lleguen las semanas de mayor carga académica.

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